La mayoría de los métodos para dejar de fumar parten del mismo reflejo: luchar contra el deseo, apartarlo, aguantar hasta que pase. La atención plena propone justo lo contrario. No combatir el deseo, sino observarlo, sin juzgarlo, hasta que se agote por sí solo. Un enfoque que puede sonar contraintuitivo, pero que hoy se apoya en quince años de investigación clínica en Yale y, después, en la Universidad Brown.
Un enfoque diferente: observar el deseo en lugar de combatirlo
El psiquiatra Judson Brewer, autor de la mayor parte de estos trabajos, lo resume así: un antojo de fumar es una ola, con un inicio, un pico y un final, que suele desarrollarse en pocos minutos, se ceda o no al cigarrillo. El método consiste en prestar una atención curiosa a las sensaciones físicas del antojo, la tensión en el pecho, la inquietud, sin intentar acallarlas por la fuerza, algo que paradójicamente tiende a intensificarlas. Esa misma lógica de ola, más pasajera que irresistible, coincide con lo que la ciencia documenta sobre los picos de ansia de fumar.
Qué muestran los estudios
En 2009, un primer estudio dirigido por Judson Brewer en Yale comparó un programa de atención plena con Freedom From Smoking, el programa de referencia de la American Lung Association, con 88 fumadores de aproximadamente un paquete diario. Según lo recogido por Mindful.org, el grupo de atención plena logró tasas de abstinencia aproximadamente el doble que el programa de referencia.
Un ensayo controlado aleatorizado más reciente, publicado y referenciado en PubMed Central, puso a prueba una aplicación de atención plena para móvil, Craving to Quit, desarrollada por el mismo equipo. La aplicación logró una reducción medible en el consumo diario de cigarrillos entre los participantes, con un efecto correlacionado con la constancia en la práctica más que con la simple fuerza de voluntad declarada.
Lo que ocurre realmente en el cerebro
Lo que distingue estos trabajos de un simple método de bienestar es que se han verificado con imágenes cerebrales. Según un estudio recogido por la Universidad Brown, los investigadores siguieron la actividad de la corteza cingulada posterior, una zona que se activa con fuerza ante imágenes relacionadas con el cigarrillo en los fumadores. Cuanto más practicaban los participantes la atención plena, más se desactivaba esa zona frente a las mismas imágenes, un efecto directamente correlacionado con la caída del número de cigarrillos fumados, lo que sugiere un mecanismo neurológico medible, no solo una sensación subjetiva.
Cómo se practica en la vida real
Ante un antojo, el método propone hacer una pausa de unas cuantas respiraciones antes de actuar, nombrar mentalmente lo que ocurre («esto es un antojo de fumar, está subiendo»), y observar las sensaciones físicas asociadas sin intentar que desaparezcan de inmediato. Esa pausa, aunque sea muy breve, coincide con los reflejos que ayudan de verdad a aguantar unos minutos, el tiempo suficiente para que la ola baje de forma natural.
Un método para combinar, no para oponer a los demás
La atención plena no pretende sustituir otros enfoques, más bien se suma de forma natural a ellos. Mientras que la terapia cognitivo-conductual trabaja sobre los pensamientos y los patrones de comportamiento, y la hipnosis actúa a través de un estado de conciencia modificado, la atención plena apunta específicamente a la relación momento a momento con el propio deseo. Las tres comparten un punto en común: requieren práctica regular para producir un efecto medible, mucho más que una simple buena resolución tomada una mañana.
