Pregúntale a un fumador por qué no lo deja, y una respuesta se repite más que ninguna otra: «el cigarrillo me calma». El estrés del trabajo, los niños, las facturas: la pausa del cigarrillo parece la válvula de escape. Es exactamente la creencia que un equipo de investigadores británicos quiso poner a prueba a gran escala. Su conclusión va justo en contra de la intuición.
Qué muestra el metaanálisis del BMJ, con cifras
Publicado en el BMJ, este metaanálisis compiló 26 estudios que siguieron a fumadores que lo dejaban y a fumadores que seguían fumando, midiendo su salud mental antes y después con cuestionarios estandarizados. El resultado: en quienes lo dejan, la ansiedad, la depresión y el estrés disminuyen significativamente en comparación con quienes siguen fumando. La calidad de vida psicológica y las emociones positivas aumentan en el mismo periodo.
El detalle más llamativo del estudio: la magnitud de la mejora es igual o superior a la de un tratamiento antidepresivo para los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo. Dicho de otro modo, dejar de fumar le hace al ánimo al menos tanto bien como un medicamento diseñado para eso.
Por qué el cigarrillo da la ilusión de calmar
Si el tabaco agrava la ansiedad con el tiempo, ¿por qué parece calmar en el momento? El mecanismo está bien entendido: entre dos cigarrillos, el nivel de nicotina cae y el cuerpo entra en abstinencia, lo que produce precisamente los síntomas del estrés: tensión, irritabilidad, dificultad para concentrarse. El siguiente cigarrillo alivia esa abstinencia, y el cerebro atribuye ese alivio a un efecto «antiestrés». En realidad, como detalla la mecánica del ansia, el cigarrillo solo calma el estrés que él mismo ha fabricado. Un no fumador simplemente nunca siente esa tensión.
Un resultado que también vale para personas en tratamiento de salud mental
Una de las grandes aportaciones de estos trabajos: la mejora es igual de marcada en personas con trastornos psiquiátricos diagnosticados que en la población general. Una revisión Cochrane de 2021 del mismo equipo confirma estos resultados: dejar de fumar no agrava los trastornos mentales existentes, al contrario de un temor extendido incluso entre algunos profesionales sanitarios, y tiende más bien a mejorarlos.
Conciliar este resultado con los primeros días difíciles
Estas conclusiones pueden parecer contradecir la experiencia de los primeros días del proceso, cuando la irritabilidad y la ansiedad se disparan. No hay contradicción: esa fase aguda dura unas semanas como mucho, el tiempo que tardan los receptores de nicotina en desensibilizarse. Los estudios del BMJ miden el estado psicológico más allá de esa ventana, una vez pasada la abstinencia física. El pico de malestar inicial es el precio de entrada de un bienestar duradero, y existen técnicas concretas para atravesar ese pico en lugar de sufrirlo pasivamente.
