Entre las primeras sorpresas que se cuentan tras dejar de fumar, la recuperación del gusto y el olfato suele ser de las primeras, a veces ya en los primeros días. Muchos fumadores de larga duración habían olvidado hasta qué punto el humo había embotado estos dos sentidos, hasta redescubrir sabores que creían haber conocido siempre así.
Por qué el tabaco embota el gusto y el olfato
El humo del cigarrillo agrede directamente las papilas gustativas de la lengua y los receptores olfativos del fondo de la nariz, expuestos permanentemente al calor y a las miles de sustancias químicas presentes en el humo. Estas células sensoriales, como la mayoría de las células del cuerpo, se renuevan constantemente, pero la exposición repetida al tabaco las daña más rápido de lo que pueden regenerarse, lo que embota progresivamente ambos sentidos sin que el fumador lo note realmente, ya que el desgaste es muy gradual.
El calendario real del regreso de los sentidos
Ya en las primeras 48 horas sin fumar, las terminaciones nerviosas olfativas empiezan a regenerarse. Las primeras mejoras suelen notarse entre unos días y dos semanas, el tiempo que tardan las células sensoriales renovadas en superar en número a las dañadas por años de exposición. El gusto sigue una trayectoria parecida, con una sensibilidad mayor a los sabores dulces y salados que suele notarse ya en la primera o segunda semana.
Un efecto secundario a tener en cuenta: el apetito
Este regreso del gusto suele venir acompañado de un apetito que se reactiva, ya que la comida vuelve a resultar más agradable. Es una de las explicaciones, junto con la ralentización del metabolismo ligada al abandono de la nicotina, de un aumento de peso modesto pero frecuente en los primeros meses, un fenómeno ampliamente documentado y generalmente temporal.
- Ya en 48h: las terminaciones nerviosas olfativas empiezan a regenerarse.
- En unos días a 2 semanas: primeras mejoras claras del olfato y el gusto.
- Semanas 1-2: sensibilidad mayor a los sabores dulces y salados.
- Efecto secundario habitual: un apetito que vuelve, a vigilar sin sentir culpa.
Una señal más de la vuelta a la normalidad
Este regreso de los sentidos forma parte de una serie más amplia de cambios en el cuerpo tras dejarlo, junto a la piel que cambia y la tos que empeora temporalmente antes de mejorar. Todas ellas, señales a menudo sorprendentes en el momento, que confirman lo mismo: el cuerpo se repara, y rápido.
