«Si lo dejo, voy a engordar»: es una de las objeciones más repetidas por quienes todavía dudan en dejar de fumar, hasta el punto de estar en el centro de algunos testimonios de nuestros lectores. Pero ¿qué pasa realmente en la báscula cuando se deja de fumar? Un equipo de investigadores quiso sustituir las impresiones por cifras, recopilando todos los estudios disponibles sobre el tema.
Lo que muestra el metaanálisis de referencia, mes a mes
Publicado en el BMJ, este metaanálisis reunió 62 estudios para seguir la evolución del peso de fumadores que dejan de fumar sin ninguna ayuda para controlar su peso. El resultado es preciso: 1,12 kg de media tras un mes, 2,26 kg tras dos meses, 2,85 kg tras tres meses, y luego 4,23 kg a los seis meses y 4,67 kg al año. La mayor parte del aumento de peso ocurre en los tres primeros meses, y después se ralentiza claramente.
Una media que esconde una realidad muy desigual
Esa cifra media de unos 4-5 kg al año esconde una dispersión enorme entre personas. Según el mismo metaanálisis, alrededor del 16% de quienes dejan de fumar pierde peso en lugar de ganarlo, mientras que en el otro extremo, alrededor del 13% gana más de 10 kg. No existe una trayectoria única: la genética, la alimentación y la actividad física pesan al menos tanto como el hecho de dejar de fumar.
Por qué reacciona así el cuerpo
La nicotina actúa como un ligero supresor del apetito y acelera algo el metabolismo en reposo. Su desaparición explica parte del aumento de peso, pero no todo: el gesto de fumar también se sustituye a menudo por un gesto alimentario, en especial picar dulce, durante los picos de mono descritos por la mecánica del craving. El gusto y el olfato, que se recuperan poco a poco, también hacen que la comida resulte más apetecible que antes.
Poner estos kilos en perspectiva
Frente a estas cifras, conviene comparar lo que realmente está en juego. Unos pocos kilos, incluso en el peor de los casos, pesan estadísticamente mucho menos en la salud a largo plazo que seguir fumando: la esperanza de vida ganada al dejarlo se cuenta en años, no en kilos. Y para limitar de verdad el aumento de peso, la actividad física sigue siendo la palanca más documentada, tanto para el cuerpo como para gestionar las ganas de fumar.
Lo que confirman estas cifras es que el miedo a engordar, aunque legítimo, no debería bastar para posponer indefinidamente un intento de dejarlo: el aumento de peso medio es modesto, manejable en la mayoría de los casos, y no tiene comparación con los beneficios de salud que lo acompañan.
